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Entrevista con Alice Miller por Diane Connors para Omni Publications International marzo 1987

El sentimientodel Niño

“Describo imágenes de personas, uso sus historias como espejos. Entonces muchas personas dicen: “¡Eso es exactamente lo que sentí toda mi vida, pero no tuve palabras para decirlo”.  No quiero ser una gurú. No quiero que la gente me crea. Sólo la animo a que tome en serio sus propias experiencias”.

Las historias de Alice Miller retratan niños abusados y silenciados que, más tarde, se hacen destructivos para sí mismos y para los demás. Adolf Hitler, dice Miller, fue un niño así. Constantemente maltratado por su padre, abandonado emocionalmente por la madre, aprendió solamente la crueldad; aprendió a obedecer y a aceptar castigos diarios con sumisión incondicional. Años después, tomó venganza. Ya adulto, dijo una vez: “Nos da un placer secreto muy especial ver cómo la gente no se da cuenta de lo que realmente está sucediendo.”
Miller, famosa en toda Europa, escribió sobre la infancia de Hitler en  “Por tu propio bien: la crueldad oculta en la crianza de los hijos y las raíces de la violencia”. En dicha obra, Christiane F. se permite asimismo contar su historia:.”Tenía problemas para distinguir las letras H y K. Una noche, mi madre estaba tomándose muchas molestias para explicarme la diferencia, pero yo apenas podía atender porque veía que mi padre estaba poniéndose más y más furioso. Sabía lo que iba a pasar. Salió, cogió una escoba de mano y me dio una paliza. Ahora yo debería saber la diferencia entre H y K… Por supuesto, en ese momento no supe más, así que me dieron otra paliza y me mandaron a la cama.”
Christiane salió a la calle y se volvió adicta a las drogas .
“No necesitamos libros de psicología para aprender a respetar a nuestros hijos”, dice Miller. “Lo que necesitamos es una revisión total de los métodos de crianza y de nuestro punto de vista tradicional sobre el tema”. La forma como nos trataron de niños es la manera como nos trataremos a nosotros mismos el resto de nuestras vidas: con crueldad, o con ternura y protección. A menudo nos autoimponemos el sufrimiento más agonizante y, más tarde, sobre nuestros hijos.
En 1979, el primer libro de Miller, “El drama del niño dotado”, se publicó en Alemania como “Prisioneros de la infancia”. Sus tres breves ensayos describen cómo los padres proyectan sus sentimientos, ideas y sueños sobre los hijos. Para sobrevivir y ser amado, el niño aprende a obedecer. En la represión de sus sentimientos, reprime también sus intentos de ser él mismo. El resultado, dice Miller, es muy a menudo la depresión, la falta de vitalidad, la pérdida de sí mismo. “El drama del niño dotado”  atrajo grandes audiencias en Europa y luego de Estados Unidos. Dos libros siguieron rápidamente: “Por tu propio bien” y “No seas consciente”, que siguieron centrándose en el niño, esta vez con estudios más profundos sobre el abuso infantil, las actitudes de crianza, y la teoría y tratamiento psicológicos.
El verano pasado, Miller publicó “Fotos de una niñez”, una colección de 66 acuarelas que representa una pequeña fracción de su arte. Como ella misma nos dice en la introducción, Miller comenzó a pintar hace 14 años. “Cinco años después de comenzar a pintar espontáneamente, empecé a escribir libros. Esto nunca habría sido posible sin la liberación interior que la pintura me dió. Cuanto más me liberaba jugando con los colores, más me cuestionaba lo aprendido hace veinte años”.
“No fue hasta que comencé a escribir que me enteré de cuán hostil es la sociedad hacia los niños”, dice. “Me he dado cuenta de que esa hostilidad adopta innumerables formas, no sólo en los campos de exterminio, sino en todos los niveles de la sociedad y en cada disciplina intelectual, incluída la mayoría de escuelas de psicoterapia.”
Nacida en Polonia en 1923, Miller fue educada y vive en Suiza. Estudió filosofía, sociología y psicología, y se doctoró en 1953. Completó su formación psicoanalítica en Zurich y, como psicoanalista practicante, ha estado involucrada en la enseñanza y formación durante más de 20 años. A medida que su obra ha avanzado, la opinión de Miller sobre la infancia se ha vuelto cada vez más opuesta a la teoría freudiana tradicional. En “No seas consciente”, dedicada en principio a Freud en el ciento veinticinco aniversario de su nacimiento, dice:  “Sus descubrimientos sobre la supervivencia de las experiencias infantiles en el inconciente del adulto y sobre los fenómenos de represión han influido en mi vida y mi forma de pensar. Pero llegué a conclusiones distintas de Freud cuando ya no pude negar lo aprendido de mis pacientes respecto a la represión del abuso infantil.”
Hoy, Miller se ha apartado del enfoque analítico tradicional sobre la teoría y el tratamiento freudianos. Al principio de su obra, Freud creía que la raíz de la neurosis era un trauma real, a menudo de naturaleza violenta o sexual, que había sido reprimido en la infancia. Más tarde cambió su punto de vista y decidió que el niño no es en absoluto inocente, sino que nace con elementos sexuales y destructivos.
¿Por qué el complejo de Edipo de Freud ha durado tanto tiempo?, se pregunta Miller. “Porque, en la concepción freudiana, son los padres, no el niño, los inocentes. La visión freudiana encaja con la sociedad, pues el Edipo pasa por alto al niño maltratado y lo ve con deseos incestuosos que lo conducen a matar al padre, casarse con su madre y, en última instancia, encegarse de sí mismo”.
El análisis tradicional, dice Miller, repite la relación padre-hijo con el analista, que está en posición de poder. Pero hay esperanzas en la terapia si el terapeuta es un verdadero defensor del paciente. El respeto por el “niño interior” del paciente y el descubrimiento de su verdadera historia debe desempeñar un papel en el tratamiento. El niño sufre una larga lucha interior “entre el miedo de perder a la persona que ama si sigue siendo fiel a sí mismo; y el pánico de perderse él mismo si tiene que negar lo que es. Un niño no puede resolver un conflicto de esta naturaleza y está obligado a obedecer, porque no puede sobrevivir por sí mismo. La terapia no debe repetir esta condición”.
Miller usa la frase “pedagogía negra” para describir lo que infligimos a los niños “por su propio bien”, con hipocresía e ignorancia. Percibe que inculcamos la humillación, la vergüenza, el miedo y la culpa como formas de “adiestramiento” infantil. Al alentar la conformidad, la supresión de la curiosidad y de las emociones, los padres reducen la capacidad del niño de tener percepciones cruciales en su vida posterior.  “Los niños son tolerantes. Aprenden la intolerancia de nosotros.”
Mientras que la obra de Miller es ignorada o atacada por la ortodoxia, los terapeutas con visión de futuro a menudo aclaman y consideran monumental su análisis de la crueldad oculta y las raíces de la violencia. El antropólogo Ashley Montagu afirmó que “No seas consciente” “sin duda resultará un hito en la historia del psicoanálisis.”
“Mi posición antipedagógica no se dirige contra un tipo específico de pedagogía”, señala Miller, “sino contra la ideología pedagógica en general, que puede encontrarse también en las teorías permisivas”. Teme que, como consecuencia de las actitudes arrogantes de los adultos, incluso cuando son “permisivos” con los niños, éstos se vuelven serviciales. Sus voces se silencian; su conciencia es asesinada. Y los adultos más ciegos y arrogantes serán el resultado. La entrevistadora, Diane Connors, es también psicoterapeuta y visitó a Miller en su apartamento, cerca de Zurich. Pequeña de estatura, Miller irradia un sentido de precaución y fragilidad, una mirada clara y un compromiso inquebrantable con lo que dice, muy consciente de la resistencia social a su trabajo.
Entrevista
OMNI: ¿Cuándo te diste cuenta de que el respeto por el niño es tu foco central?
Miller: Lo vi desde el comienzo, creo que desde mi infancia, como respuesta a por qué las personas se comportan de modo tan irracional. Siempre necesité entender las cosas; no tuve mucha información de mi madre, que solía decir: “Éste es el camino, es así y así y así.” Nunca daba explicaciones a mis preguntas. Yo estuve muy sola de niña. Quizá tendría cinco años cuando vi por la calle a una mujer con una niña de tres o cuatro. Ella cayó y se hirió. Su madre, que estaba hablando con otra madre, abofeteó a la niña sólo porque la vio llorando con las rodillas ensangrentadas. Recuerdo que mi pregunta fue entonces: “¿Este niña es castigada dos veces, primero al caer y luego por la madre? ¿Por qué? Ella no es culpable, sólo necesita la ayuda de su madre, no el castigo…”.
OMNI: ¿Por qué niegan algunos profesionales lo que dices?
Miller: Debido a que no se les permite enfrentarse a la realidad. Ya sabes, esto es interesante. La primera vez que hablé de estas ideas fue con unos trescientos analistas, hablando sobre el narcisismo de los psicoanalistas. Estaban sorprendidos, porque era muy raro escuchar a un colega ponerse del lado del niño. Primero reaccionaron con naturalidad, estaban agradecidos y no mostraron mucha resistencia a sus sentimientos. Me dieron las gracias y dijeron: “Pero, ¿cómo sabes que era mi vida la que has descrito?” Yo dije: “¡Fue mi propia vida la que expuse!”. Muchos hombres tenían lágrimas en los ojos. Entonces traté de publicar ese artículo en una revista especializada alemana, pero los editores lo rechazaron. La resistencia ya estaba en marcha. Se rechazó porque tenían que verlo todo como Freud; lo contrario les resultaba aterrador o peligroso. La Sociedad Analítica Internacional lo publicó en la Revista Internacional de Psicoanálisis. Pero la revista alemana Psique no lo hizo. Fue demasiado provocador para los alemanes.
OMNI: ¿Qué fue lo provocativo?
Miller: La neurosis y la psicosis son el resultado de sentimientos reprimidos, son una reacción al trauma. El enojo del niño y todos los demás sentimientos que no nos gustan son reacciones al abuso infantil. Hoy sabemos que existe una gran cantidad de abusos infantiles. Se había silenciado antes. El niño tiene que reprimir el recuerdo de ese abuso y negar el dolor para sobrevivir; de lo contrario moriría.
OMNI: ¿Podría esto suceder tan temprano en su desarrollo como para carecer de palabras, comprensión o permiso para expresar el dolor?
Miller: Las palabras tienen que encontrarse. Una buena terapia debe ayudar al paciente a evolucionar desde el  “niño en silencio” al  “niño que habla”. El niño no pudo encontrar palabras si el trauma fue demasiado temprano o el entorno demasiado hostil. Pero ahora, en la terapia, si tienes un terapeuta que es realmente tu abogado, tu testigo consciente de tu trauma, entonces, por primera vez, te convertirás en un niño que habla. La terapia te ayuda a encontrar las palabras que decir a tu madre o tu padre sobre cómo te sentiste en aquel momento, cuando te hacían daño, o cómo te sentías cuando ni siquiera se podía hablar de nada.
OMNI: ¿Qué entiendes por “abogado”?
Miller: Es alguien que toma partido por el niño. Siempre. El terapeuta no debe decir que los padres “estaban perturbados pero fueron bienintencionados”, porque entonces se pone del lado de los adultos. Si el niño piensa que los padres que se comportaron de modo tan extraño y lo humillaron fueron bienintencionados, entonces no podrá sentir su dolor, y a su vez simpatizará con sus padres. Es un crimen para vencer al niño, pues la paliza es un daño, y nunca se podrá cambiar esa realidad. Un niño maltratado se siente humillado, confundido, aislado; y se le hace sentir culpable porque se le dijo que él es malo. Tenemos miedo a decir que el maltrato infantil es un crimen, porque queremos proteger a los padres de su culpabilidad. Pero no podemos realmente ayudarles si apoyamos su ceguera, ya que entonces también traicionamos al niño.
OMNI: ¿Cómo lidiar con el dolor en el proceso de curación?
Miller: El dolor es el camino hacia la verdad. Al negar que no fuiste amado de niño, te ahorras un poco de dolor, pero no conectas con tu verdad. Y durante toda la vida sólo intentarás ganarte el amor. En terapia, evitar el dolor causa obstrucción. Sin embargo, nadie puede sentirse desatendido u odiado sin sentirse culpable. “Es mi culpa por lo que mi madre es cruel”, pensamos. “Hice enfadar a mi madre, ¿qué podría hacer para que me quiera?” Así que sigues tratando de hacer que te quieran. El sentimiento de culpa es realmente una defensa contra la terrible comprensión de que estás destinado a tener una madre que no puede amar. Porque esta comprensión es mucho más dolorosa que pensar “¡oh, ella es buena madre, soy yo quien está mal!” Porque entonces crees que aún puedes intentar algo para conseguir su amor. Pero no es cierto; no puede ganarse el amor. Y, sintiéndote culpable por lo que te han hecho, sólo admitirás tu ceguera y tu neurosis.
Hay algunos tratamientos donde los pacientes lloran mucho, sufren realmente, pero no hablan. Vi un vídeo donde durante una hora un paciente revive el dolor del nacimiento, pero no habla de ello. Sólo más tarde informa de lo que había sentido. Pero, en mi opinión, es importante que hable, que verbalice su experiencia del dolor. Incluso si el paciente se sintiera como en el vientre materno, él debe procurar hablar con la madre para decirle lo que siente. El vínculo entre los sentimientos y su expresión verbal es crucial para el proceso de curación. Pero no puede hacerse sin ayuda; el paciente necesita saber que hay alguien ahí capaz de entender cómo se siente, y apoyarlo y confirmarlo. Si un niño ha sido abusado sexualmente y el terapeuta no niega ese hecho, entonces muchas cosas pueden abrirse en el paciente. El terapeuta no debe predicar el perdón, o el paciente reprimirá su dolor. Entonces no cambiará, y la rabia reprimida buscará un chivo expiatorio.
OMNI: ¿Crees que el niño no tiene historia, que nace como una página en blanco donde la experiencia va escribiendo su personaje?
Miller: No. El niño ya nace con su historia vivida en el seno materno. Pero no viene con las proyecciones  [de sus padres]. Nace inocente y dispuesto a amar. Puede amar mucho más que los adultos. Esta idea del niño como ser amoroso encuentra muchas resistencias porque aprendimos a defender a nuestros padres y a culparnos a nosotros mismos por todo lo que hicieron.
OMNI: En “El drama…” se relaciona el sentimiento reprimido con la pérdida de vitalidad. ¿Fue así tu experiencia?
Miller: Sí, experimentar el dolor de mi vida me devolvió la vitalidad. Primero el dolor; después la vitalidad. El precio de la represión de los sentimientos es la depresión. También tuve que soportar la educación convencional…. Si te ves obligado a hacer las cosas, no puedes tener diversión. Y, para mí, la diversión es la primera condición de la creatividad. Lo aprendí jugando con el color. Leyendo las teorías de los libros me había resistido a aprender sobre los colores… Creo que la pintura, el sueño y la escritura tienen algo en común. Yo pinto como sueño. Tengo muchos impulsos y asociaciones. Nunca tengo un plan, una idea de lo que quiero hacer. A veces tengo algo, pero mientras pinto voy soñando otras cosas y lo olvido. Al principio tenía una especie de estilo narrativo. Quería contar una historia, o una historia en mí quería ser contada… Ahora es más como una necesidad de este color, esa forma, esta línea… Es la improvisación. Yo diría que pinto como un músico de jazz. No quiero hacer una obra maestra, o incluso buenas fotos. Afortunadamente, no tengo que vender mis cuadros. Sólo me siento obligada a trabajar más y más en lo que es auténtico para mí… A veces destruyo mis pinturas. Cambio yo y entonces las cambio, aunque puedan haber sido mejores antes… Al final estoy contenta porque es lo que quería decir. No me importa si alguien dice si la pintura es buena o no; me siento totalmente gratuita. Tengo mi paleta, mi papel blanco, y nadie puede decirme lo que es correcto o incorrecto.
OMNI: La respuesta a tu trabajo ¿difiere de un país a otro?
Miller: Sí. Los países escandinavos, Holanda y los Estados Unidos son más liberales y abiertos. La mayoría de mis libros se venden en Alemania, pero muchos alemanes están aún muy formados por la pedagogía negra. Los suizos también. Así que a muchos de ellos no se les permite criticar a los padres, o descubrir el veneno de su crianza. Estas personas dicen que mi trabajo describe la educación del siglo XIX. ¡No se dan cuenta de que todavía viven de acuerdo a los valores del siglo XIX! Esta respuesta es también una defensa contra la época de Hitler. La negación de Hitler es tan profunda que el alemán no puede aprender de su historia. Cuando era niño, Hitler no tuvo ningún testigo. Su padre destruyó todo lo que su hijo hizo. Nunca pudo expresar a nadie el dolor que sufrió. En Suecia se hizo una obra, “La infancia de Hitler,” de un capítulo de mi libro. La historia muestra cómo ese niño buscó contacto, anhelando ser visto, pero siempre fue tratado como un perro.
Una reacción similar a la de Alemania viene también de Japón, aunque de Japón llegan también reacciones de personas que ya han tomado conciencia. Su conciencia no está dañada por teorías como la de las pulsiones de Freud, por lo que estos japoneses pueden enfrentar mejor lo que escribo, utilizarlo en su realidad. Pueden darse cuenta del siempre presente abuso de menores, y que realmente pueden ayudar.
Detrás de cada acto de violencia hay una historia. Una historia de abuso, y una historia de negación. La negación es la ley que nos rige, pero es ignorada por la sociedad y aún no ha sido investigada por los profesionales. La la negación es la clave de por qué ciertas tonterías pueden ser aún estimadas en nuestra cultura, como la idea de Sigmund Freud de que el niño inventa traumas.
OMNI: ¿Hay culturas que tengan alguna actitud diferente sobre la paternidad?
Miller: A pesar de las variaciones culturales, el abuso se encuentra en casi todo el mundo. Aunque hay algunas que son diferentes. Por ejemplo, hay gente en una isla de Malasia, llamados senoi, que tienen una cultura no violenta. Hablan con sus hijos de sus sueños cada mañana. Nunca han tenido guerras. Nuestra cultura es tan violenta porque de niños aprendimos a no sentir.
OMNI: ¿Puede la terapia producir cambios?
Miller: Sí, pero sólo si la terapia viene del dolor, que está bloqueado por nuestros sentimientos de culpa. La idea “yo soy culpable por lo que me pasó” es un bloqueo. Desde que descubrí que la teoría freudiana de las pulsiones oculta, no por casualidad sino necesariamente, la realidad del abuso infantil, he buscado alguna forma nueva de psicoterapia. Una terapia eficaz debería basarse en todo lo que sabemos hoy sobre el abuso infantil. Finalmente la encontré, y voy a describir ese concepto en mi próximo libro. Esta terapia permite a paciente y terapeuta llegar sistemáticamente a tomar contacto con los traumas y el dolor  -paso a paso, no bruscamente rompiendo defensas-, sin actitudes moralistas ni pedagógicas. Y sin poner a la gente en estados peligrosos donde experimenten quizá sentimientos caóticos donde puedan quedar atascados.
Uno puede encontrar un montón de técnicas y mezclas de ellas que no ofrecen una confrontación sistemática con el pasado, o que son irresponsables y perjudiciales. Algunas dejan a las personas con diferentes propuestas místicas o con un dolor sin resolver. Estos pacientes son víctimas en primer lugar del abuso infantil, y más tarde del abuso de la terapia. Y tratan entonces de “ayudarse” a sí mismos tomando drogas, uniéndose a sectas o gurús, u otras formas de negar la realidad y matar el dolor. La actividad política puede ser una de esas formas.
OMNI: ¿Qué consejo le darías hoy a un terapeuta en formación?
Miller: Primero, tratar de descubrir su propia infancia; a continuación, realizar su trabajo en serio. Escuchar al paciente y no a ninguna teoría; con la teoría no es libre para escuchar. Olvídelo. No analizar al paciente como un objeto. Tratar de sentir y ayudar a que el paciente sienta, en vez de hablarle de los sentimientos de los demás…. El niño necesita fantasías para sobrevivir, para no sufrir. Que crea lo que el paciente le dice, y no olvide que la realidad reprimida es siempre peor que una fantasía. Nadie inventa traumas, porque no necesitamos traumas para sobrevivir. Pero tampoco necesitamos su negación. Algunos de nosotros pagamos con síntomas severos esta negación. Estudiar la historia de la infancia. La terapia tiene que abrirle a usted, así como a su paciente, su sensibilidad ante la vida. Tiene que despertarte de un sueño.
Es trágico ir a terapia y encontrar, en vez de ayuda, confusión. Tengo una carta de una mujer de 79 años diciendo que “durante 40 años de mi vida hice psicoanálisis. Vi a ocho analistas. Pero, por primera vez, después de leer su libro, no me siento culpable de lo que me pasó. Siempre lo intenté, y los analistas eran buena gente. Ellos querían ayudarme. Pero nunca dudaron de que mis padres fueron buenos para mí. Estoy tan agradecida ahora que ya no me siento culpable desde que leí sus libros. Ahora veo lo terriblemente que abusaron de mí. ¡Fueron, primero mis padres, y luego mis analistas los que me hicieron sentir mal y culpable!” Esta idea vino de una mujer de 79 años. Luego cita la última línea de  “Por tu propio bien”: “Porque el espíritu humano es prácticamente indestructible, y su capacidad para levantarse de las cenizas permanece mientras que el cuerpo respire “.
OMNI: ¿Afecta la violencia de la televisión a los niños?
Miller: Los niños que realmente han sido amados y protegidos no se interesan por esas películas y programas, y no estarán en peligro. Pero el niño que fue herido y humillado -tal vez en la escuela, no necesariamente por sus padres- busca un objeto de odio y en quién tomar venganza. Por supuesto que hay gente que hace negocio del sufrimiento de los niños. Pero la violencia no viene de las películas de televisión. Sus fuentes son más profundas. Los niños protegidos no pueden convertirse en asesinos. Es imposible encontrar a una persona que, sin haber sido golpeada, pueda golpear a un niño.
OMNI: ¿Por qué se engendra la violencia a través de las generaciones?
Miller: Si miras hacia atrás, puedes ver que el abusador siempre fue abusado. Pero en la mayoría de casos no se oye hablar de él o de ella, porque hay tanta negación. Si vas a una prisión y preguntas a un asesino “¿cómo fue tu infancia?”, te dirá: “¡oh, no fue tan mala! Mi padre era severo y me castigó porque me portaba mal. Y mi madre era una mujer agradable.” Éste es el problema: no se puede encontrar la verdad, porque la persona, el propio asesino, no puede ver su cruel infancia como lo que realmente fue. Y, debido a que no puede soportar su dolor, en vez de sentir su infancia, mata a personas inocentes.
OMNI: ¿Crees que un niño puede experimentar abusos en el propio seno materno?
Miller: Por supuesto. Cada niño tiene su experiencia; a veces un verdadero martirio. Hubo un niño que nació con tres úlceras. Murió. La madre tenía quince años. Había sido golpeada durante el embarazo y tomaba drogas. Nadie sabe lo que un niño, incluso en el vientre materno, puede llegar a sufrir. Somos tan ignorantes, y nos negamos a saber.
¿Has oído hablar de la Escuela McMartin, de Los Angeles? En ese centro de día, se denunció que más de trescientos niños fueron sexualmente abusados. Durante siete meses, los abogados interrogaron a los niños sobre lo sucedido, lo que fue una tortura para ellos. Algunos informaron que habían ayudado a matar a un bebé. Los adultos no lo creyeron, por lo que llamaron mentirosos a los niños.  Finalmente se retiraron los cargos contra cinco de los siete acusados. Obviamente, todo esto era una manera simbólica de decir: “Cuando asumí ser abusado sexualmente, maté al niño en mí mismo.”
Quiero mostrar cómo la sociedad reacciona a los informes de los niños. Abuso significa matar el alma del niño. No entendemos su lenguaje simbólico, por eso decimos tranquilamente que miente. Entonces los maestros abusan con libertad y creemos que todo es jurídicamente correcto. El problema es que los niños protegen al abusador. A veces se cambia al abusador por otra persona en las declaraciones. Dicen quizá: “Tengo miedo del cartero porque es malo para mí.”  Y los padres saben que el cartero no tiene ningún contacto físico con el hijo. Pero detrás de esta historia “inventada” se esconde un padre o un tío. La función de las mentiras es proteger a la persona amada, al tiempo que expresan ansiedades. Los adultos dicen que “se trata de niños que inventan historias”. Pero las historias no se inventan; son hechos que realmente sucedieron.
OMNI: ¿Puede la sociedad aprender el lenguaje del niño?
Miller: ¡Eso espero! De lo contrario, vamos a suicidarnos en masa con ayuda de la tecnología. El lenguaje del niño es, a menudo, muy claro, pero nos negamos a escucharlo. Los niños pueden sufrir terribles abusos y crueldades incluso desde el primer momento de sus vidas, gracias a la tecnología, en los hospitales. El abuso se almacena en su mente y puede permanecer activo durante toda su vida. Por tanto, una madre que maltrata a su bebé puede estar repitiendo exactamente lo que le pasó a ella, sin ningún conocimiento, sin ningún recuerdo consciente de ello Y los recuerdos almacenados en su cuerpo la obligan a repetir el mismo trauma.
A menos que un niño reciba los cálidos brazos de una persona que va a consolarlo y demostrarle con ello que el trauma de su nacimiento ha terminado, ese niño va a esperar durante toda su vida una repetición de ese choque. Una de las primeras lecciones es que estás solo en un lugar peligroso, y que nadie ve tu dolor. Pero esta situación puede cambiar fácilmente cuando reconocemos al bebé como una persona con sentimientos y muy sensible.
Muy a menudo, el niño entra en la vida después de una lucha, y no nos damos cuenta de que necesita consuelo y los brazos de una madre. En vez de eso, le damos medicación, hospitales, alta tecnología. Y creemos que es bueno para él sólo porque nos hicieron lo mismo, y porque es lo habitual. Lo que realmente sucede en la psique de un recién nacido no es en absoluto interesante para la mayoría de gente. ¡Por eso estoy dando esta entrevista!
OMNI: ¿Qué te gustaría hacer ahora?
Miller: Me gustaría apoyar a las personas que están enfrentando el abuso infantil. Recibí una carta de un terapeuta infantil de California. Fue consultor para una escuela. Una niña le contó historias sobre una “caja caliente”, un pequeño armario sin ventanas en el que los niños eran encerrados como castigo. Él la creyó, investigó, y, cuando escribió un informe al respecto, fue despedido. Pero siguió investigando y descubrió esas “cajas calientes” en otras escuelas. Los periódicos informaron sobre el caso, y su voz y experiencia se hicieron notar. Me dio las gracias porque se sentía apoyado por mis libros. Esto demuestra que una persona puede hacer que la gente tome conciencia de que métodos nunca antes cuestionados son, de hecho, dañinos. Un único abogado de un niño puede salvar una vida. Los defensores dicen que un crimen es un crimen; no ocultan la verdad llamándolo “amor de padre ambivalente”. Un abogado puede ayudar a prevenir que un niño se convierta en criminal. El niño aprende del testigo iluminado cómo reconocer la crueldad, para rechazarla, para defenderse de ella, a fin de no perpetuarla. Los experimentos han demostrado de manera concluyente que nadie aprende nada por castigo. Lo que se aprende es cómo evitar el castigo mediante mentiras, y cómo castigar a un niño veinte o treinta años después. La gente sigue creyendo, sin embargo, que el castigo puede ser eficaz.
OMNI: ¿Puedes cambiar esa creencia?
Miller: Así lo espero, al menos en parte. Mi vida y mi trabajo se centran en el problema del abuso de menores y cómo puedo transmitir lo que he aprendido a los profesionales, los padres y los legisladores. No es fácil, pues la mayoría de gente aprendió desde el comienzo de sus vidas que el niño tiene que ser azotado a fin de llegar a ser tan “bueno, humano, honesto, tolerante” con los maestros, padres, ministros y otros del entorno, como ella cree ser.
En Inglaterra, donde he hecho algunos programas de radio, los entrevistadores dicen a menudo: “Usted habla de las formas graves de violencia y brutalidad en las familias, pero también hay otras formas: palizas, azotes, gritos”. Suelen decir que estas formas de poder son inofensivas, no serias, y argumentan que, pese a que a menudo ellos mismos fueron azotados de pequeños, no se convirtieron por ello en Adolfo Hitler. Mi tarea es repetir que cualquier tipo de golpes, azotes y nalgadas a un niño es una humillación y un daño grave para toda su vida.
Un niño puede evitar convertirse en criminal si  tiene la oportunidad en su infancia de hallar al menos una persona que no sea cruel con él, que tal vez le guste o le entienda. La experiencia del amor, la compasión o simpatía le ayudará a reconocer la crueldad tal como es. Los niños que carecen de esta experiencia porque no hay ningún testigo consciente, verán la crueldad como una forma normal de tratar a los niños y continuarán con esa carga. Llegarán a ser como Hitler, Eichmann, [Rudolf] Hoss y todos sus millones de seguidores, que nunca encontraron nada en sus infancias, salvo crueldad.
OMNI: ¿Qué pasa con las formas más leves de crueldad, como nalgadas, gritos y humillaciones verbales?
Miller: La tragedia es que las personas tratadas de esa manera, incluso si no llegan a ser como Hitler, pretenderán que esa clase de tratamiento es necesaria. Se reservarán el derecho de hacer lo mismo con sus hijos, y se mostrarán reacias a aprobar leyes que prohíban los azotes. En Gran Bretaña, una ley de ese tipo no se aprobó hasta 1986, y veo este retraso como uno de los efectos del abuso infantil allí. La ignorancia de nuestra sociedad es el resultado del abuso infantil. Somos castigados para ser ciegos como Edipo. Tenemos que recuperar la visión para dar a nuestros hijos la oportunidad de crecer con más responsabilidad y más conciencia de las que dispusimos en nuestra generación de bombas atómicas.
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